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Becado en el ITBA, una oportunidad soñada

Recuerdo como si fuera ayer el día en el que el equipo de Ingreso del ITBA llegó a la exposición universitaria de San Miguel del Monte. Era 2012, yo cursaba el último año del colegio y me sorprendió que hayan visitado mi ciudad. Siendo sincero, conocía sobre el prestigio de la Universidad, pero sentía que en mi caso era inalcanzable estudiar ahí. Sin embargo, -sin que yo sepa- Horacio Rey, mi profesor de matemática y física, se acercó al stand para hablarles de mí, ya que era el mejor promedio de la escuela Sagrado Corazón de Jesús.

Al enterarme de que efectivamente existía una posibilidad, fui a mi casa con muchísima emoción para contárselo a mi mamá. Justamente, semanas después, tras presentar la carpeta pertinente, sería ella quien recibiría -con lágrimas en sus ojos- la noticia de que me habían otorgado la beca.

El tiempo pasó de forma meteórica. En marzo de 2013 me encontraba viviendo en la gran ciudad, en la casa de mi abuela; quien con mucho amor me hizo un lugar en su casa.

Recuerdo mi primer día en el ITBA: llegué en muletas, recién operado de una lesión de rodilla. No puedo olvidar los nervios que sentía, sabía que todo iba a ser distinto, pero que a la vez era el comienzo de una etapa nueva. El cambio de la escuela a la universidad no es para nada fácil, al menos no lo fue para mí. Ser becado también implica la responsabilidad de tener buenas notas, no sólo por deber sino también por responder al compromiso que brinda la institución para con uno. A la vez, vivir lejos de mi familia no resulta nada sencillo, aunque contar con su apoyo y el de mi novia, hicieron de la adaptación un proceso mucho más ligero.

¡Qué alegría tuve con mi primer 10 y qué decepción sentí con mi primer parcial desaprobado! Cuánta presión implicó rendir mis primeros exámenes y qué alivio tuve al saber que los había aprobado. Pronto entendí que la universidad se trata de esforzarse mucho, sin bajar los brazos. Muchas veces te dan ganas de abandonar y tirar la toalla, pero no sacar la mirada del objetivo personal es la clave para seguir adelante.

Como becado tuve la oportunidad de realizar horas de ayudantía una vez por semana en el Centro de Informes. Allí aprendí a trabajar en equipo en un ambiente de oficina, con la tarea de contarles a alumnos de secundario sobre la universidad. Las horas de pasantía en la oficina me enriquecieron mucho como persona y me formaron en muchos aspectos. Fue una oportunidad para dejar de lado la timidez y comenzar a transitar el mundillo profesional.

Ya pasaron tres años desde aquel día y me encuentro en mi tercer año de estudio, en -según mi opinión- la mejor universidad del país. Nunca me alcanzarán las palabras para agradecerle a la comunidad del ITBA por darme este privilegio.